03 May Guía Bebés
EL PRIMER AÑO DE VIDA
El primer año de vida es fundamental para el desarrollo de la personalidad. Aunque breve, es un periodo en el que los bebés van a aprender muchas cosas (reír, comer, jugar, llorar, esperar, saludar, moverse, hablar, andar, etc.) y a adquirir competencias básicas, imprescindibles para el desarrollo vital posterior.
El Nacimiento
Durante el embarazo, el bebé forma parte de su madre y tiene todas sus necesidades cubiertas. Se encuentra en un estado de bienestar. Sin embargo, tras el nacimiento, el bebé no sólo tendrá experiencias de bienestar, sino también de malestar, como por ejemplo cuando tiene hambre, frío o sueño.
Esas sensaciones de malestar, nos las va a comunicar a través del llanto. Al principio, no sabe de horarios ni de tiempos, por lo que se va a mostrar muy exigente, impaciente y caprichoso.
Normalmente, respondemos con inmediatez a las necesidades del bebé, pero poco a poco, esas necesidades ilimitadas y exigencias inmediatas se irán reduciendo y empezará a ser capaz de esperar un poco, antes de que sus necesidades sean cubiertas.
Es importante ayudarles a que puedan tolerar la espera, lo podemos hacer hablándoles para calmarles. Poco a poco se va creando un espacio entre la urgencia del bebé y la satisfacción. Ese espacio es la base de la tolerancia a la frustración.
Para un desarrollo adecuado de la personalidad, deben existir tanto experiencias de satisfacción como de frustración.
Un niño con alta tolerancia a la frustración utiliza recursos propios para aceptar lo que sucede, manteniendo una actitud positiva y activa en relación con las circunstancias del entorno.
El Vínculo afectivo
El bebé necesita de otra persona para sobrevivir. Está indefenso y por eso se crea un vínculo afectivo muy intenso entre el bebé y su cuidador principal.
El bebé tiene necesidades físicas y emocionales. Necesita ser “cogido en brazos” tanto física como mentalmente. Es decir que necesita estar emocionalmente acompañado. Crear un vínculo de apego seguro es muy importante para que se sientan seguros y puedan confiar en los demás.
La separación
La llegada de la separación es igual de importante. El bebé debe tolerar despegarse de su cuidador principal en momentos puntuales e ir incorporando nuevas personas a su vida, para desarrollar una personalidad sana y estable.
Curiosamente, cuanto más apegado esté el bebé a su figura de apego durante los primeros 6 meses de vida, más fácil le resultará despegarse de ella en el segundo semestre.
Al principio el bebé no puede guardar en su mente la imagen de su madre y padre cuando están ausentes. Por eso reclama su presencia. El bebé cree que sólo existe lo que ve.
A partir de los 6 meses habrá acumulado muchos recuerdos de las idas y venidas y empieza a confiar en que su figura de apego vuelve, aunque se haya ido. Además, puede recurrir a su imaginación y a sus recuerdos.
Hacia los 7-8 meses aparece el miedo al extraño, que surge precisamente cuando el bebé empieza a tomar conciencia de que existen otras personas. Es algo transitorio y normal.
Alrededor de los 10 meses, se empieza a consolidar la capacidad de representar objetos y personas en su memoria, por lo que admite con mayor facilidad el estar sólo pero acompañado, incluyendo las idas y venidas de su figura de apego o que cada uno esté “a lo suyo” en una misma estancia.
En ocasiones podemos servirnos de una ayuda para afrontar la separación, como pueda ser un objeto transicional o de apego (muñeco, chupete, etc.).
La Comunicación
La interacción que establecemos con los bebés es a través de la mirada, de la palabra y del tacto.
La mirada es muy importante en esta etapa y además en ambos sentidos. Por un lado, ellos se expresan con sus gestos y miradas y por el otro, a través de la vista van a conocer el mundo (¡y son capaces de interpretar nuestras propias miradas!).
La comunicación verbal es fundamental. Es recomendable hablar mucho a los bebés, poniendo nombre a las cosas que hacemos con ellos. Cuando les vestimos, les damos de comer, etc.
También es importante poner palabras a lo que sienten. Por ejemplo, si lloran por hambre, se les puede calmar diciendo… “mamá/papá te está preparando el biberón o el puré… ya sé que tienes muchas ganas de comer…”.
Cuando vuestro bebé comience el parloteo, se puede establecer una conversación con él. De esa manera sentirán que estáis con ellos.
Aparecerá más adelante la conducta de señalar para pedir cosas. En ese momento es conveniente aprovechar para ir dando nombre a lo que señalen.
También es recomendable cantarles. Canciones de todo tipo y mejor aún si van acompañadas de gestos para favorecer la imitación (palmas palmitas, Pimpón es un muñeco…).
El Tacto
Otra manera de relacionarnos con ellos es a través del tacto. Por ejemplo, con los masajes corporales al ponerles crema hidratante después del baño, momento en el que también podemos aprovechar para ir nombrando las partes del cuerpo.
También es bueno ofrecerles objetos con diferentes texturas para que las exploren y perciban (plástico, tela, madera, etc.).
El Movimiento
En esta etapa se recomienda que pasen la mayor parte del tiempo en el suelo, en una colchoneta o mantita, para favorecer el control de su cuerpo y el movimiento. Es bueno que permanezcan algún ratito boca abajo.
Un gateo temprano será el resultado de haber pasado mucho tiempo en el suelo.
Las rutinas
Las rutinas ayudan a los bebés a poder predecir y eso les da tranquilidad. Empiezan a poder asociar acontecimientos y a entender lo que va a suceder, aprendiendo a anticipar.
Las rutinas les van a ayudar a que la vida sea una sucesión de acontecimientos predecibles, lo que les aporta seguridad y confianza.
Por eso se aconseja crear y seguir una rutina, estableciendo horarios para las comidas, higiene, sueño y otras actividades.
De esa manera, alrededor de los 6 meses ya irán adquiriendo el hábito del sueño y la alimentación en los horarios establecidos.
El Juego
El juego es la base del aprendizaje de los niños. Los ritmos de los bebés son diferentes a los nuestros y es importante respetar sus ritmos. Se les puede
acompañar en el juego sin sobre estimular. También es bueno propiciar que existan tiempos tanto para la actividad como para el silencio, permitiendo momentos en los que pueda jugar sólo y estar ensimismado.
A continuación, se proponen algunos ejemplos de juegos indicados en esta etapa para desarrollar la percepción de permanencia del objeto:
- Cucú-tras.
- Jugar a esconder objetos detrás de pañuelos.
- Esconderse detrás de una tela para hacer el juego de aparecer y desaparecer y más adelante incorporarles a ellos.
- Mostrarles su imagen en un espejo cogidos en brazos y poco a poco, os alejáis y hacéis que su imagen desaparezca del espejo para luego volver a aparecer.
Disfrutad de sus pequeños avances, manifestando vuestra alegría y poniéndola en palabras.
Espero haber podido ayudar con este breve resumen de la etapa relacionada con el primer año de vida.
Por favor, no dejéis de contactar conmigo ante cualquier duda, cuestión o problema que os pueda surgir. Podéis localizarme en: sfuster@fomento.es.
Os mando un afectuoso saludo y ¡mucho ánimo estos días!
Silvia Fúster Rufilanchas
Psicóloga CEI


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